
Los martes son para quedarme treinta minutos mas en la cama, el sol me carameliza las caderas, las almohadas se me antojan a nubes esponjosas y los aviones que pasa armonizan los últimos sueños de la madrugada.
Los miércoles son para robarle minutos al tiempo, hago todos los asuntos pendientes, como solo frutas, soy tan flexible que me como hasta la ultima pelusa del durazno y leo pedazos de Rayuela a escondidas de los curiosos en el alfeizar de la ventana.
Los jueves se hicieron para hacer el amor a todo lo que respire en la faz de la tierra, hasta el aire es amoroso los jueves, son el día perfecto para sonreirle a un extraño en el quiosco de periódicos de la esquina o en la cafetería de la facultad.
Los viernes son de lentejuelas y brillos, la semana anuncia el fin de la rutina y el preámbulo del ocio. El trafico aumenta y la ciudad se va de farra. Los problemas y las cuentas por pagar son minúsculas, los viernes se vive el fervor del momento, y los triunfos de la semana muerta.
Los sábados comienzan al medio día son de café y licor, la ciudad se disfraza de dama para recibir en su taberna a todos los extraños pertinentes a una noche de cabaret. Hasta el mas tranquilo abre la de vino y convida a renunciar al aburrimiento de la semana.
Los domingos son solo míos, efímeros, sublimes y preferidos, los arboles se visten de versos, los cielos de metáforas y los puntos de las i en musas. Si algún día no pudiera escribir mas, creo que seguiría escribiendo.
Ciento cinco domingos de amor entre otros artilugios cambiantes.
Gracias a cada una de mis musas, pero principalmente a Don Limonges por ser mi vida y a la Doña por ser mi ángel.
"Vivo por ella sin saber si la encontré o me ha encontrado.
Ya no recuerdo como fue pero al final me ha conquistado.
Vivo por ella que me da noches de amor y libertad.
Si hubiese otra vida, la vivo...por ella también."
